Hoy, no sé porqué pero desperté recordando una historia que leí hace tiempo, es bonita y quise compartirla con ustedes, estamos en época de navidad y no podemos dejar que el año termine sin decirle a quienes queremos, lo que sentimos por ellos.

Por un paraje solitario caminaba un día el rey Salomón, cuando encontró un hormiguero. Al punto acudieron por miles las hormigas a saludarlo. Sólo una lo ignoró, ocupada en transportar, grano a grano, el enorme montículo de arena que había ante ella. Mandó llamarla el rey Salomón y le dijo:

¡Oh, pequeña hormiga, aunque tuvieras las longevidad de Noé y la pacienca de Job, nunca conseguirías, hacer desaparecer esta montaña de arena!

¡Oh, gran rey - respondió la hormiga - no repares en mi tamaño, sino en la intensidad de mi ardor. Tras este montículo espera mi amada, y nada podrá impedir que lo desplace, y si perdiera la vida en mi empeño, al menos moriría en la esperanza de reunirme con ella!

Y de esta manera, una simple hormiga le enseñó al rey Salomón lo que es la fuerza del amor...

¨*¨ [Y asi con esa misma fuerza me duermo cada noche, sabiendo que mi amor al final tendrá la recompensa de tus brazos ya sea en esta vida o en la otra, pues no dejaré ya jamás de esperar ese día... corazón, ya regresé y te extraño mucho] ¨*¨